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El rol del Estado en la generación de empleos: lecciones desde el viejo continente

Jorge Rodríguez Osorio

Publicada el: 10/02/2010


La Segunda, miércoles 10 de febrero de 2010

En la última elección presidencial fuimos testigos de un intenso debate en torno al papel del gobierno respecto de la generación de empleos en la economía. Más allá de polémicas propias del período, es posible concluir, a partir de la literatura que estudia el caso europeo, que existen tres campos de acción para el Estado en esta materia.
El primero corresponde a la atenuación del ciclo económico por medio de la política fiscal o la política monetaria. Este paradigma de los años 70 descansa sobre la base de que la tendencia en el desempleo se explica básicamente por shocks exógenos al mercado laboral, por lo que la política pública tiene un rol únicamente reaccionario.
No obstante, la visión del Estado “pasivo” se vio desafiada cuando el desempleo para la zona EU15 pasó de 5% en 1980 a 8% a fines de esa década. Así surgieron nuevos enfoques que tuvieron en común el estudio de aspectos institucionales del mercado laboral: seguro de desempleo; indemnizaciones y costos de despido; estructura de negociación y relación entre empleados, sindicatos y empleadores; indexación salarial; capital social y confianza; entre otros. Se ha demostrado que estos elementos tienen efectos relevantes en el mercado del trabajo, pudiendo explicar parte importante de las diferencias de desempleo entre países. El segundo rol de la política pública, por tanto, es configurar una estructura institucional pro empleo.
Sin embargo, el cambio institucional posee un componente político y que tiene que ver con el “choque” entre eficiencia o flexibilidad y protección al trabajador. Si bien se reconoce que existe algún grado de tensión entre éstos, la evidencia desde la experiencia europea muestra que es posible avanzar en ambas direcciones. El tercer rol es entonces generar las condiciones políticas como para hacer de este trade-off menos costoso para la sociedad.
En el contexto de la actual crisis económica, Chile lo ha hecho bien en materia de atenuación de ciclo económico, aunque el impacto positivo en este ámbito se produce sólo en el corto plazo. Por otro lado, la evidencia no es tan concluyente respecto del trabajo hecho para mejorar la institucionalidad del mercado laboral, lo cual tiene consecuencias en el largo plazo. Para ello se requiere voluntad desde las esferas políticas; si no trabajamos para compatibilizar las demandas laborales y los criterios de eficiencia, querámoslo o no, no podremos disminuir el desempleo de forma significativa.



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