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El último apaga la luz

Pablo Allard

Publicada el: 11/07/2007


La Tercera, sábado 21 de abril de 2007

Parece mentira o una película de ficción, ahora que volvieron las pre-emergencias y Al Gore nos visita con su “verdad inconveniente,” pero el tema del calentamiento global es más serio de lo que creemos, y nningún país, por remoto o limpio que sea, escapa a sus efectos. Si Chile ha optado por abrirse a los mercados internacionales, no podemos esperar sólo los beneficios y evitar los costos de la globalización. En este sentido, deberíamos estar tan preocupados del tema como las grandes potencias. El dramático crecimiento que ha tenido China, particularmente en sus ciudades ha llevado a que uno de los regímenes más insensibles al tema esté tomando medidas concretas al respecto. La población urbana de China ha aumentado del 17% al 41% entre 1978 y el 2004, y se proyecta que llegará al 95% el 2100. En dos décadas se han construido 25 mil millones de metros cuadrados, y se requerirán 20 mil millones de metros cuadrados más para acomodar a los 200 millones de chinos que emigrarán a las ciudades en los próximos 20 años. Imaginen una ciudad como Buenos Aires o Sao Paulo y multiplíquenlas por 66. Esa es la edificación que se requiere, sin contar la infraestructura de transporte y de servicios urbanos. En este contexto, el ministro del medio ambiente chino planteó recientemente que: “el desarrollo actual de China es ecológicamente insostenible, y el daño no será reversible una vez que hayamos alcanzado un PGB más alto”.

En Chile, según el último censo el 87% de la población es urbana. ¿Por qué es relevante esta cifra? Las ciudades son los mayores contribuyentes de gases que generan el efecto invernadero. El 79% de estos gases provienen de edificaciones; calefacción y aire acondicionado son responsables de casi el 36% del consumo energético mundial, y sólo el 25% es consumido en transporte. Precisamente son las ciudades las que tienen que cambiar radicalmente su forma y función; y los ciudadanos tendremos que cambiar nuestros hábitos aunque nos duela. Sin haber suscrito el protocolo de Kyoto, China se ha embarcado en la construcción de cinco eco-ciudades, lideradas por la ciudad-piloto de Dongtan, que albergará a medio millón de almas al norte de Shangai. Por medio de un estricto diseño urbano y arquitectónico, que privilegia el transporte público, corredores verdes, edificios energéticamente eficientes, generación de energía solar, eólica y biomasa, así como el manejo de residuos. Su principal atributo es que sobre la base de una metodología aprobada por organismos internacionales, pueden certificar la reducción de emisiones de carbono a tal nivel que, emitiendo los respectivos bonos, pueden financiar parte importante de la infraestructura necesaria para su implementación.

¿Cómo estamos por casa? Ciudades como Santiago o Temuco sufren de altísimos niveles de contaminación, y la planificación tradicional no ha ayudado a reducirla. Presiones de desarrollo y métodos constructivos arcaicos han dejado un stock de edificios ineficientes y de difícil reconversión, generando un gran problema a futuro. La paradoja, es que probablemente el atajo a la sustentabilidad no esté en revertir la ciudad tradicional, sino aprovechar los nuevos desarrollos como oportunidades para iniciar el cambio. Desde el año 97 que la autoridad viene conduciendo las presiones inmobiliarias fuera del límite urbano por medio de los Desarrollo Condicionados (ZDUC y PDUC). Verdaderas ciudades satélite que internalizarán costos sociales y mitigarán impactos urbanos y ambientales. Este modelo puede ser la base para establecer principios reales de diseño urbano sustentable, que al igual que Dongtan, abran oportunidades de financiamiento donde todos ganan. Chile puede y debe tomar la delantera en estas materias, contamos con la voluntad de los privados, la institucionalidad y un mercado disponible. Si alguien se pregunta por la capacidad técnica, basta averiguar quién está detrás del diseño de Dongtan, un equipo multidisciplinar de la firma inglesa Arup, liderado por el arquitecto chileno Alejandro Gutierrez. Nadie es profeta en su tierra…